Bendita mañana en que me levanté, era fin de febrero; en pleno verano, mi estación favorita del año. 7am rumbo a un club en el sur con una de mis mejores amigas, debo admitir que salimos a esa hora para evitar el tráfico de fin se semana. Teníamos todo empacado, todo estaba fríamente calculado. Fuimos obsesionadas con ¡broncearnos al máximo!. Apenas llegamos (09:43am), bajamos del auto, nos íbamos quitando la ropa por el camino y listas ya para tirarnos a la playa; como en ese lugar no había mucha gente por ser club privado y solo para socios; todo estaba casi vacío, en especial la playa. Tendimos los paréos, tiramos nuestras cosas, nos empezamos a echar el bronceador, ¡allí estaba la playa! tal y cual nos gustaba, tranquila, sin gente, arena y mar limpio, ¡todo era bello!¡todo era perfecto!. Nos echamos a dormir, qué rico sol que había y, por eso nosotras eramos felices! ¡La playa y el sol es de lo mejor!, decíamos. Luego de unas horas, al ver que el sol se iba, ¡corrimos hacía la piscina para seguir bronceándonos! No sentíamos cansadas ya. Luego de correr, tomarnos fotos por todos lados, conocer a varios chicos lindos y dis que "broncearnos"; llegó el momento de irnos. Le decía a Deborah, "¡Oye, creo que logramos un buen bronceado!" y ella me decía "!Excelente noticia para despedir el verano!... sin saber lo que pasaría después. Listo, un día hermoso. 7 de la noche llegué a casa luego de dejarla a ella en la suya. Me tiré en el sofá. ¡LO PEOR QUE ME PASÓ! Me empezó a arder TODO el cuerpo, corrí al baño me miré al espejo y ¡estaba roja! Tenía la maldita insolación. Me empecé a arrepentir de haber ido. Abrí la refrigeradora, saqué todos los tomates habidos y por haber; los corté en mil rodajas y las puse en todo mi cuerpo. Me aliviaron por 10 min. Las rodajas de tomate se calentaron. Me quité la mayor parte de la ropa, decidí dormir hasta el día siguiente. Al levantarme (domingo), mi dolor se duplicó. Decidí darme una ducha con agua helada para que me calme la quemazón. Al salir, yo no sabía que ropa ponerme, pues todo el cuerpo me ardía, en especial la espalda y la cara. Tenía que salir. Así que se me ocurrió algo con lo que tenía que sobrevivir todo el día. Aprovechando que era verano, usé un short de algodón, pero ¡rayos! arriba no podía ponerme nada porque me dolería. Encontré una falda negra con un ligero y lindo detalle de flor; aparte, una gran abertura en la pierna ¡Qué gran idea se me pasó por la mente! Me la puse con cuidado, y con esa parte de la abertura la sujeté a mi pecho. ¡Quedó magnífica! y no me dolía nada. A pesar del dolor, todo ese día fue magnífico. Mis amigos me fastidiaban porque sabían que era mi falda, jajaja. Fue un día increíble, algo doloroso, pero increíble.
En ese momento comprobé que el mito de los tomates servía y, que tenía que comprar cremas refrescantes. A pesar de que esto sucedió en febrero del 2011, quise recordarlo porque en 2 meses llega el verano de nuevo y, ya aprendí a tomar precauciones. ;)

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